Siervas de María Ministras de los Enfermos

SOR AGUSTINA PEÑA RODRÍGUEZ

  El Señor concedió a Sor Agustina la gracia del martirio en plena juventud. Dichosa ella, que fue hallada digna de tal don. Nació Sor Agustina en el pueblo de Ruanales (Cantabria), el día 23 de Marzo de 1900 y el 25 del mismo mes, fue regenerada con las Aguas Bautismales, imponiéndole el nombre de Anunciación.

 

  Sus padres se esmeraron en darle una educación profundamente cristiana. No tarda en hacerse presente en su vida el dolor. Con la muerte de su madre, conoció pronto las privaciones y el trabajo, que forjaron en ella un espíritu austero, laborioso y sensible a las necesidades de los demás.

  Dios la guardaba para sí. El día 14 de Diciembre de 1924, ingresó en el Instituto de las Siervas de María, en nuestra casa de Tudela, pasando después al Noviciado de Madrid. El 4 de Julio de 1925 vistió el Santo Hábito y el 25 de Julio de 1927 emitió los Votos Temporales, ofreciéndose al Señor con todo el fervor de su alma. El 9 de Agosto del mismo año fue destinada a la casa de Pozuelo de Alarcón, para ocuparse en los oficios domésticos, especialmente en el cultivo de la huerta. Para ella, todo se convertía en Capilla, así que en todas partes, se le veía recogida y unida a su Dios, a quien tanto amaba. El día 5 de Julio de 1933 emitió sus Votos Perpetuos en la misma casa de Pozuelo y a los tres años, pasaba a vivirlos en plenitud al cielo.

  Sor Agustina se distinguió por su sencillez y fervor; era puntual a los actos de piedad y si le quedaba un tiempo libre entre sus ocupaciones, su predilección era acompañar a Jesús Sacramentado; era constante y ejemplar en su espíritu de mortificación. Tenía verdadero amor al trabajo y sus conversaciones casi siempre versaban sobre cosas espirituales.

  Su disponibilidad y entrega no conocieron límites cuando los Superiores le confiaron el cuidado de Madre Aurelia, aceptando este servicio como “sagrado deber”, levantándose por la noche, cuantas veces la enferma la llamara, sin dar nunca la menor señal de contrariedad y haciendo con ella derroches de caridad.

  En 1936, al tener que abandonar la casa de Pozuelo de Alarcón, es acogida con otras tres Hermanas en la misma familia, pero los milicianos la obligan a separarse de ellas. Se une a otra familia que huye hacia Las Rozas y allí, sola, es acusada de ser religiosa y de habérsele visto rezar. Su vida de 36 años es coronada con el martirio, el día 5 de Diciembre de 1936.

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